Giovanni Franzoni. Algunos flashes sobre la vida y obra de un “católico marginal” - Confronti
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Giovanni Franzoni. Algunos flashes sobre la vida y obra de un “católico marginal”

by redazione

Sul nostro sito il 21 luglio già abbiamo pubblicato la “memoria” di Giovanni scritta da Luigi Sandri. La stessa è stata ora tradotta in inglese e spagnolo, a beneficio di chi ci segue nell’area anglofona e ispanofona. Di seguito la versione spagnola (ringraziamo Maria Lorenza Ferrer per la traduzione). A questo link quella inglese.

Luigi Sandri

Delinear, a pocos días de su muerte (el 13 de julio), la vida y obra de Giovanni Franzoni, es una tarea difícil. Aun estamos inmersos en la emoción, en los recuerdos, en las reflexiones que hicimos durante la vigilia junto a su ataúd, en el salón de la comunidad cristiana de base (CdB) de San Pablo la noche entre el 14 y el 15 de Julio; y después en la re-visitación de las imágenes conmovedoras del funeral, el sábado 15, donde se vio a tantas personas reunidas en el centro de la Tercera Edad situado en el Parque Schuster, junto a la Basílica San Paolo Fuori Le Mura[1]. Y así dimos el último adiós a nuestro Giovanni, delante – ¡pero no en el interior! – de la basílica y del monasterio donde fue Abad desde marzo del 1964 hasta julio del 1973, cuando la presión de la iglesia le obligó a dejar ese alto cargo, en virtud del cual había sido “padre” del Concilio en las dos últimas sesiones del Vaticano II y también miembro de la Conferencia Episcopal italiana (CEI)[2].

A su debido tiempo, será necesario volver a trazar con más cuidado y más ampliamente toda su experiencia vital, para que no se pierda un testimonio humano y evangélico que consideramos valioso, y que el ángel de la muerte no debe ocultar. Mientras tanto, dejándome llevar por la urgencia de resumir al menos algunas partes de su vida, con el deseo también de responder a las preguntas de nuestros lectores, aquí y ahora intento revisitar algunas de las etapas más decisivas de su existencia, e informar sobre algunas de sus obras. Aquí expongo algunos flashes que pueden iluminar un camino y hacer intuir el “quién es” nuestro inolvidable Giovanni.

Un hombre con sus limites

Cuando muere una de las principales figuras del mundo eclesiástico – pero sucede también, muy frecuentemente, en la arena secular y política – en el elogio al “fallecido”, se tejen alabanzas y alabanzas, sin hacer absolutamente alusión a ninguno de sus límites, aunque pequeños; si bien con mucha frecuencia fue en vida ferozmente criticado.

Por tanto, a la muerte de Giovanni Franzoni digo, ahora, que él no me parecía perfecto. A veces era muy terco. Conmigo – cultor de la precisión del ANSA[3] – insistía hasta lo increíble en atribuir a un dado Concilio una afirmación perteneciente a otro, y cedía de mala gana cuando le presentaba un volumen que irrefutablemente demostraba su qui quo pro. Otras veces, en un artículo sobre un determinado tema se perdía entre paréntesis y paréntesis dentro del paréntesis, un estilo que fácilmente desorientaba al lector; pero había que trabajar duro para conseguir que omitiera datos redundantes, y fuera al grano.

Con la vejez, y la ceguera, cuando en la Comunidad intervenía durante la Eucaristía, comentando las lecturas del día, a veces tendía a repetir una idea que había ya expresado en los domingos anteriores, hecho que impacientaba a alguno de los oyentes. En resumen, Giovanni tenía estas y otras limitaciones objetivas y subjetivas de varios tipos. No era un santo, ni perfecto. Fue, sin embargo, un hombre de verdad: gentil, generoso, decidido, dispuesto a pagar un alto precio personal por apoyar las ideas y opciones que sentía justas. Y era un discípulo de Jesús de Nazaret de calibre extraordinario – si se puede dar un tal juicio desde el exterior, por supuesto, sin la intención de entrar en el secreto de la conciencia y en el misterio de Dios.

Mi opinión era y es, – otros, en la variada catolicidad italiana, piensan lo contrario: ellos tendrán sus razones -, que Giovanni ha sido una de las personas que, en las últimas décadas, más haya honrado y embellecido la Iglesia Católica; de hecho, la Iglesia universal; la Ekklesia pura y simple. Algunas personas pueden pensar que mi juicio esta motivado por el afecto (¡habitual durante cuarenta y seis años!), y es, por tanto, frágil y parcial. Sin embargo, creo que, Contra facta no dantur argumenta. ¡Y que hechos!

De “padre” conciliar a… “La tierra es de Dios”

Nacido en 1928 en Bulgaria – donde estaban sus padres por razones de trabajo – Mario volvió muy pronto con los suyos a Florencia, donde creció. Después de la escuela secundaria ingresó en el Instituto Eclesiástico Capranica de Roma y luego en los Benedictinos (tomando el nombre religioso de Giovanni Bautista, nombre que nunca dejó de usar), estudiando en el Colegio Pontificio de San Anselmo. En marzo del 1964, fue elegido Abad por los monjes de San Pablo Extramuros, lo que le hizo miembro de la CEI y “padre” conciliar en las dos últimas sesiones del Vaticano II. Él – me repetía muchas veces – entró en el Concilio como “conservador”, pero pronto se “convirtió”, y apoyó a los “progresistas” en todas las cuestiones clave (la colegialidad episcopal, la Iglesia como Pueblo de Dios que camina en la historia, la participación de los bautizados en la vida concreta de la comunidad cristiana, la libertad religiosa, el repudio del antisemitismo, la apertura ecuménica, el diálogo con los seguidores de otras religiones, y también con los marxistas, el insomne compromiso por los derechos humanos y la paz en la justicia). Sin embargo, nunca tomó la palabra en el Concilio.

A su conclusión se esforzó mucho, en el pequeño territorio del que era “ordinario” y con autoridad magistral, para poner en práctica, con su pueblo, lo que la Gran Asamblea había enseñado y propuesto. El deseo de promover la “participación del pueblo de Dios” lo llevó a invitar a los feligreses (San Pablo, entonces era también parroquia[4]) a reunirse con él en la noche del sábado, en el “Salón Rojo” del monasterio – así llamado debido a los brocados rojos que adornan las paredes – para reflexionar juntos sobre la lectura bíblica del día siguiente. Fue durante este intercambio, que a solicitud del pueblo – trabajadores, obreros, maestros, padres y madres, teólogos, académicos, empleados – su exégesis de las lecturas sagradas, expuesta en la basílica el domingo siguiente durante la homilía de la misa del mediodía, se abrió más y más a confrontarse con el hoy, a menudo doloroso, de Roma, de Italia y de un mundo desgarrado por la guerra.

Giovanni tenía confianza en lo que venía de las “bases” e instintivamente vio con agrado – aunque no de manera acrítica – los movimientos que en los distintos países del mundo trataban de dar el liderazgo y la dignidad a las masas, que durante siglos habían sido tenidas al margen. También en la basílica, fue ese constante relacionarse con la gente – “La Iglesia es el pueblo de Dios”, dijo el Concilio – lo que le llevó a incrementar la promoción pública: la solidaridad con los trabajadores despedidos de una fábrica situada en la zona Ostiense donde esta situada también la Basílica de San Pablo ; la non-violencia como una forma de superar los conflictos entre los pueblos; el ayuno por la paz en Vietnam y Bangladesh (cuando estalló la guerra debido a que el Pakistán Oriental quería ser independiente); la invitación (1970) al Presidente de la República Italiana, Giuseppe Saragat, de caracterizar el 2 de junio Día de la República, no con desfiles militares, sino con los representantes de la sociedad civil y del mundo del trabajo.

La paz fue siempre una de sus mayores preocupaciones. Por lo tanto, incluso al mínimo nivel que le permitía la parroquia, alentó, en la medida que pudo, toda iniciativa que, en su opinión, acercaba la paz en la justicia allí donde la “tranquilidad del orden” era violada. Y, por dar algún ejemplo, fue muy feliz cuando, (años 1971-1972) dos universitarios que frecuentaban la Basílica se fueron a Irlanda del Norte, a un campo de trabajo organizado por la Catedral anglicana de Coventry (Inglaterra). O cuando una joven de la parroquia se fue de enfermera voluntaria a una zona deprimida de África.

En esta línea – ayudado por la gente que lo seguía más de cerca, no sólo los domingos, y que eran sensibles a ciertos problemas sociales; y por las nuevas ideas de Franco Basaglia – Giovanni decidió hacer los trámites necesarios para sacar del hospital psiquiátrico Santa María de la Merced (en Roma), a algunos jóvenes sin familia, que de hecho eran tratados como mentalmente discapacitados, asumiendo la responsabilidad de su mantenimiento y su – posible – inclusión social.

Como Confronti, no podemos olvidar el papel decisivo desempeñado por Giovanni en su nacimiento en marzo de 1972. Com – periódico desconectado de la jerarquía eclesiástica, pero en cambio muy ligado a las experiencias de las comunidades de base y muy abierto a “los católicos críticos” – se fusionará, en el otoño del 1974 con un semanal evangélico, para dar a luz a Com-Nuovi Tempi, que luego en 1989, se convertirá en el mensual Confronti. Franzoni fue siempre miembro de la redacción, dando una contribución sustancial a la configuración de la revista, para la que escribió numerosos artículos. Desde hace diez años, él tenía su columna dedicada, Note dal margine (Notas al margen); El número de julio-agosto de este año, que se cerró unos días antes de su muerte, contiene su intervención; y otro de sus escritos aparecerá en la edición especial de septiembre (¡dedicada al final de la vida!), que nos envió el 11 de julio.

Por supuesto, encontrándose con la gente del distrito ostiense, una zona popular donde muchos católicos votan a la izquierda, Giovanni no pudo evitar hacer frente a un problema pastoral, hoy superado, mas entonces fundamental: el “dogma” de la unidad política de los católicos en Italia. En pocas palabras, de acuerdo con la jerarquía de la iglesia los católicos coherentes deberían votar Democrazia Cristiana (DC[5]); quienes entre ellos votaran MSI[6] – ¡”extraordinariamente católico”! – eran bien tolerados; desagradables eran los que eligieran partidos “seglares” (PLI[7] y PRI[8], considerados “anti-clericales”); intolerables los que votaran PSI[9] y, peor aún, PCI[10]. Y entre las personas que asistieron al “Salón Rojo”, había muchos socialistas y comunistas. Giovanni no tuvo ninguna dificultad en tener buenas relaciones con todos. En Oltretevere (al otro lado del Tevere, donde se encuentra también el Estado Ciudad del Vaticano), sin embargo, estaban irritados porque se le permitiera considerar legítimo para un católico votar a la izquierda.

Para Franzoni, al contrario, el principio del respeto del pluralismo político debía estar absolutamente garantizado. Sostenía que no había católicos de serie A porque votaban un determinado partido y de serie B porque votaban a otro. Sin embargo, en aquel preciso contexto histórico, empeñarse como hacía el en algunos temas sociales o incluso eclesiales pero con inevitables reflejos públicos, significaba a menudo ponerse en contraste con la Democrazia Cristiana en el poder, e indirectamente con la jerarquía eclesiástica filo-democristiana. Por tanto, el Abad fue acusado por varias partes de “hacer política”. Aquellos prelados que, contrariamente, sostenían públicamente o de facto a la DC… ¿ no hacían política ?, … ¿ simplemente “acción pastoral”?!!

Como abad de San Pablo, Giovanni recibió en la Basílica – con todos los honores-, al patriarca de Costantinopla, Athenagoras, y al papa copto Shenouda III, ambos llegados a Roma por primera vez (en 1967 y en 1973) para encontrar al romano pontífice, entonces papa Montini: y favoreció, acogiendo en el monasterio los “Diálogos Paolinos”, encuentros de estudiosos internacionales, católicos y evangélicos, para profundizar en el conocimiento del apóstol de las gentes.

A propósito de otro aspecto – la renovación litúrgica auspiciada por el Concilio – él solicitó, a las personas presentes en sus celebraciones en la Basílica, la intervención espontanea durante la “oración de los fieles” : todo fue tranquilo mientras tales oraciones eran dedicadas a pedir al Señor ayuda a la abuela enferma o al hijo para encontrar trabajo. Pero habían invocaciones también de otra clase. Un tipo, que aquí llamaremos Ottavio, y que era militante de un grupo para-fascista dedicado a defender la Civilización Cristiana, como en otros tiempos (1571) se hizo en Lepanto contra los turcos, enumeró toda una serie de iniciativas de Giovanni, por el consideradas peligrosas, y alzando la voz terminó su “j’accuse” con estas palabras: “Abad Frazoni, eres un traidor”. Este ataque, delante de tal platea, no fastidió a aquella parte de la Curia romana que consideraba a Franzoni insoportable, y que bregaba para quitarlo del medio. Esa, al contrario, si se inquietó por una oración de los fieles de este tipo: “Te ruego Señor que, cuando mi hijo sea un poco mas grande, no haya en la Iglesia romana escándalos como los del IOR[11] (Instituto para las Obras de Religión)”.

La referencia era a una denuncia, de aquellos días, por parte de autoridades internacionales que acusaban el Banco Vaticano de operaciones financieras turbias. A causa de esta “oración”, llevada a la Curia por algún cuidadoso frecuentador de las misas del abad, Giovanni fue convocado Oltretevere, donde le impusieron el control de las “oraciones” espontaneas. Habiéndose negado a hacerlo (“¿Como puedo controlar las oraciones?”), y constatada la rigidez inflexible de la otra parte, el comprendió que su tiempo como responsable de una de las cuatro basílicas mayores de Roma se acababa. Y aceptó presentar la dimisión hacia la mitad de julio. ¿Por que no antes?

Empezaba la primavera del 1973, y Giovanni, ayudado por un grupo de confianza, estaba terminando La terra è di Dio (La tierra es de Dios). Se trataba de una carta pastoral – dirigida a los fieles del minúsculo territorio sobre el cual tenía jurisdicción y autoridad magistral; aunque naturalmente iba mucho mas allá -, previa al Jubileo proclamado por Pablo VI para el 1975 sobre el tema “Renovación y Re-conciliación”. En ella afrontaba el problema de la tierra, dono de Dios y “bien común” y, en aquel contexto, proponía el ideal de la pobreza de la Iglesia y denunciaba la especulación edilicia en Roma, sostenida también por instituciones ligadas al Vaticano.

Aquella carta, fue publicada a mitad de junio mientras se celebraba la Asamblea general de la Cei, de la que Giovanni era miembro de derecho en cuanto Abad de la basílica ostiense, tanto en el campo eclesial como en el de la opinión publica. Aquel texto, de todas formas, decide también el final del “abad rojo” – así lo llamaban. Celebrada la fiesta de San Benedicto (11 de julio) presenta la dimisión: y dejó para siempre la basílica, llevando consigo una pequeña maleta con un mínimo de ropa, seguido por un notable grupo de mujeres y hombres que , en el “salón rojo” se habían hecho amigos. Nace así la Comunidad Cristiana de Base (CDB) de San Pablo , que se establece en un almacén a pocos centenares de metros de la basílica, y que allí, el 2 de septiembre del 1973 celebra junto a Giovanni, reconvertido en simple monje, su primera Eucaristía.

El referéndum sobre el divorcio. La reducción al estado laico

Previamente al referéndum sobre la ley del divorcio, previsto para el 12 y 13 de mayo del 1974, se inició en Italia, a principios de año, una animada campaña política (DC e MSI apoyaban el “Sí” a la abolición de la ley; todos los otros partidos apoyaban el “No”). En febrero, el Consejo permanente de la Cei, con una “Notificación”, invitó con fuerza a los católicos – como empeño moral – a votar por la abolición de aquella ley. Al mes siguiente, abril, Franzoni se opuso abiertamente a la indicación de los obispos y , en un libreto titulado Il mio regno non è di questo mondo (mi reino no es de este mundo), sostenía que, también los católicos, tenían el pleno derecho a votar en conciencia, como consideraran mejor, y por tanto por el “No”. No estaba en discusión – hizo notar – el sacramento del matrimonio, sino una de las leyes del Estado Laico (y la defensa de la laicidad del Estado fue otro constante empeño de Giovanni). De modo inexorable, al final de aquel mes, las autoridades eclesiásticas suspendieron a Franzoni “a divinis”, o sea no podría desde entonces, de modo lícito, celebrar los sacramentos.

El castigo vaticano suscitó muchas polémicas y, desde el punto de vista canónico dejó mas de una duda: ¿que delito habría cometido el ex Abad? Había expresado una opinión política que se podía o no compartir : por tanto ¿por que suspenderlo? Tanto mas cuando, al final de abril, las autoridades religiosas le prohibieron tener conferencias publicas sobre el referéndum; el obedeció, pero pocos días después le castigaron igualmente. De cualquier modo durante un año se abstiene de celebrar los sacramentos, quedándose en espera de un re-pensamiento por parte de las autoridades que nunca llegó. Del resto, las rémoras y reservas vaticanas de entonces no tenían fundamentos teológicos, mas procedían de adversidades políticas, que todos nosotros comprendíamos bien.

Considerando injusto el silencio oficial, y partiendo del supuesto de que la “suspensión a divinis” es, de regla, temporánea, a la espera de una aclaración definitiva (de absolución o de condena), Giovanni, visto el silencio vaticano, durante la Pascua del 1975 decide comenzar de nuevo las celebraciones. Sin embargo, como diremos mas adelante, las celebraciones en la Cdb de San Pablo tenían una pequeña particularidad litúrgica y teológica que re-dimensionaba el papel del “sacerdote”.

En 1976, precisamente en Com-Nuovi tempi, anunció que en las elecciones políticas – se celebrarían en junio de aquel año – habría votado PC (partido del que sea dicho por inciso, no tuvo nunca la afiliación). Consecuencia: a principios de agosto fue reducido al estado laico. ¿Cual fue el motivo de tan drástico castigo? Para entenderlo, como siempre, hay que situar el evento en su contexto histórico. El 22 de julio del 76, Pablo VI había suspendido “a divinis” a monseñor Marcel Lefevre, jefe de los “tradicionalistas” que contestaban radicalmente al Vaticano II y a algunas reformas post-conciliares defendidas por el papa Montini. La decisión del pontífice suscitó sustanciales, si bien subterráneas, demostraciones por parte de aquellos prelados, de Curia y no, que consideraban exagerada las medidas en contra del obispo rebelde y , por otra parte, juzgaban demasiado condescendiente al pontífice con Franzoni, considerado “desbordante”; en resumen, acusaban al papa de castigar solo “a la derecha” y de tolerar “a la izquierda”.

Giovanni nos habló (lo había sabido por algún prelado amigo) de las búsquedas febriles , por parte vaticana, de un eclesiástico “de izquierda” para castigar, al fin de placar las acusaciones de los “conservadores”. Al final, el Vaticano considera que sancionarlo fuera la solución mas sencilla, bipartidista, y a mano. Y así él, después de un grotesco proceso-farsa instituido con mucha prisa, y donde no tuvo la mas mínima posibilidad de defenderse adecuadamente, fue reducido al estado secular. ¡De “padre” conciliar a laico!. Como si ser laico en la Iglesia significara formar parte de una clase inferior: y sin embargo – notaba Giovanni con una pizca de humor: un don que el tenía – Jesús era “laico” y no pertenecía a la clase sacerdotal del templo hebraico. Varias veces me y nos narró esta vivencia: siempre sin atacar a sus inquisidores e incluso benévolamente casi tratando de encontrar justificación a su operación.

La reflexión sobre ministerios y la Eucaristía

A partir del agosto del 1976 da inicio por tanto la … segunda parte de la vida de Giovanni, que dura hasta su muerte, y siempre mezclada – por su actividad pública – con la experiencia de la Cdb San Pablo.

Ya en los años 74-75 se había discutido mucho, en la comunidad, acerca del problema de los ministerios: ¿que decía, a propósito, el Nuevo Testamento? Las conclusiones a las que ,también, se llegaba con la asistencia de ilustres exégetas (como el benedictino Jacques Dupont o el biblista Giuseppe Barbaglio), eran bien conocidas en el mundo teológico, pero no por las gentes: Jesús no había previsto “sacerdotes” (=mediadores necesarios entre Dios y el hombre) para su Ekklesia, sino solo ministros multiformes (=servicios) para su bien-ser, abiertos tanto a hombres como a mujeres, prescindiendo de sus estados de vida.

Siguiendo prolongadas y calurosas discusiones, deseando “reapropiarnos de los ministerios”, pensamos mantener, en líneas generales, el esquema de la misa común, pero con variantes importantes: no se usan paramentos, la Eucaristía dominical viene celebrada todas y todos juntos, y por tanto el canon (al final redactado por nosotros) viene recitado coralmente por todas y todos los presentes; la Comunidad, prescindiendo de que haya o no “sacerdotes” ordinarios, divide el pan, recuerdo de la muerte y resurrección de Jesús, que había dicho: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo” (Matteo 18,20). El “laico” Giovanni aceptó gustosamente este nuevo camino.

Con el tiempo, la reflexión, también teológica, aunque partiendo de la praxis, sobre ministerios y sobre la Eucaristía, se ha hecho mas profunda: quien quiera saber algo más puede leer Fate questo in memoria di me. Condividere il pane nell’Eucaristia e nella vita (Haced esto en mi memoria. Condividir el pan en la Eucaristía) – la contribución que la Cdb San Pablo envió al Sínodo de los Obispos, que en el 2005 habría afrontado el tema de la Eucaristía (texto completo en Adista documenti n.6, 22-1-2005).

En referencia al Sínodo es la ocasión para decir que Giovanni, con la Cdb San Pablo, tomó la decisión eclesial que pensó, en ciencia y consciencia, tenía que tomar: pero no se consideró nunca dentro de una torre de marfil. Al contrario: para aprender más y mejor mantuvo continuas relaciones con experiencias similares, principalmente en América latina, Italia y Norte de Europa. ¿Quien puede olvidar, por ejemplo, la visita que hizo a la Comunidad el obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Samuel Ruiz, “naturalmente” también marginado en México por su empeño al lado de los indios del Chiapas? El abrazo entre él y Giovanni fue conmovedor. Y lo mismo sucedió con obispos brasileños que tomaron parte en nuestras celebraciones eucarísticas.

También vino a la Comunidad monseñor Clemente Riva († 1999), obispo auxiliar responsable de la zona sur de Roma, el cual sustancialmente nos reconoce “como una realidad de fe de la zona pastoral de mi responsabilidad”

A nivel de los Sínodos, además, nuestra Cdb envió a varias asambleas las propias reflexiones sobre el tema a examen. Ninguno, ni bajo el Papa Wojtyla ni bajo el Papa Ratzinger, respondió desde el Vaticano dando, al menos una señal de recibo. Pero esto sí sucedió con el Papa Bergoglio: cuando la Cdb envió sus propuestas para los Sínodos del 2014 y 2015 sobre el problema de la familia (y de la eventual admisión a la Eucaristía de las personas divorciadas y de nuevo casadas), tuvimos señal de recepción.

El domingo, antes de la celebración eucarística en la comunidad, Giovanni acogía niños (a partir de los 6 años) y chicos en lo que había llamado “Laboratorio de Religión”. En aquel ambiente se hablaba de Dios, de Jesús, de la Biblia, de Iglesias, de religiones, del mundo: pero en un extraordinario clima de dialogo que ofrecía a cada uno/a la libertad de abrirse. Era, sencillamente, un “laboratorio” de alegría, de responsabilidad y de continuo descubrimiento.

En la Comunidad, encontraron también un acogimiento pleno, grupos organizados de homosexuales cristianos.

Un católico marginal

Son muchos los libros escritos por el Giovanni “laico”. Uno se queda maravillado al ver cuantos temas ha tocado, y como había osado afrontar argumentos tabú, proponiendo soluciones acertadas. Con Il diavolo, mio fratello (El diablo, mi hermano), Franzoni re-propone la tesis de Orígenes (siglo III), según la cual en un futuro indefinido el Señor habría recompuesto el orden alterado del cosmos y de sus criaturas, y habría salvado también a Satanás. En muchos escritos, mas tarde, Giovanni ha re-confirmado su convicción: el infierno no es eterno. Una condena “eterna” – afirmaba – es impensable con la misericordia desbordante de Dios.

Muchas veces escribió Giovanni sobre los Jubileos, considerándolos – según las Escrituras hebraicas – como grandes momentos de restitución de la dignidad de las personas escachadas por la injusticia, y como ocasiones propicias para “hacer descansar a la tierra” a menudo saqueada por manos crueles y egoístas.

Cuando, pasado el verano del 2005, se dio inicio al proceso de beatificación de Juan Pablo II, también él fue llamado por el Tribunal eclesiástico, para testimoniar: en un documentado memorándum él explicó las razones por las cuales, según su parecer, el Papa Wojtyla no podía ser beatificado (aquel pontífice – advertía, entre otras cosas, Franzoni – había penalizado la libertad teológica en la Iglesia, impedido conocer hasta el fondo los negocios turbios del Ior, y aislado a monseñor Oscar Romero), pero nadie tuvo en cuenta su opinión negativa.

En plan ecuménico, Giovanni favoreció la “hospitalidad eucarística”: alguna vez la Cdb San Pablo fue a la Plaza Cavour a participar en la Santa Cena celebrada en el templo Valdense; y alguna vez vinieron a nuestra Eucaristía grupos de valdenses y de otras Iglesias ligadas a la Reforma. Además, en 2007 estuvo en Sibiu, Rumanía, para la III Asamblea Ecuménica Europea.

Otro tema al que Franzoni dedicó varios libros es el del fin de la vida, respetando la voluntad de quien, mantenido artificialmente en vida durante años, pide que fuera “desconectado”. Por esto , cuando, en diciembre 2006, el cardenal Camilo Ruini, vicario de Roma, de acuerdo con Benedicto XVI, negó el funeral de Piergiorgio Welby en la iglesia, porque – en su opinión – se había suicidado, pocos días mas tarde Giovanni junto a la Cdb invitó a la esposa de Piergiorgio, Mina, a participar en una Eucaristía en recuerdo del fallecido, del cual compartimos – a nivel moral – la plena legitimidad, humana y cristiana, de su decisión.

En muchos libros Giovanni tocó el tema de la mujer, inútil decir que él – que en 1981 con ocasión del referéndum sobre el aborto defendió el derecho de la mujer a decidir – soñó una iglesia donde los ministerios fueran abiertos a mujeres y hombres, prescindiendo del estado de vida (matrimonial o menos). En 1990 Giovanni se había casado con Yukiko, una japonesa con la cual tuvo forma de confrontar, no sin dificultad, culturas muy diferentes de las occidentales pero, precisamente por ello, capaces de abrirle nuevos horizontes.

En los últimos años Giovanni – siempre defensor del derecho de los palestinos a tener también ellos un Estado, vecino al de Israel – había descubierto de nuevo el mundo hebraico, leyendo el Talmud. Esta perspectiva había ofrecido a Franzoni interpretaciones inéditas, y particularmente enriquecedoras, de los rabinos sobre los mitos de los orígenes narrados en el Génesis. Por esta vía, él había empezado a proponer profundas y motivadas preguntas críticas a la entera construcción dogmática católica sobre “el pecado original”.

La ultima preocupación (en orden temporal) que Giovanni expresó muchas veces en este año 2017, a partir de la Pascua, era la siguiente: mientras procedemos fiduciarios y determinados en nuestro camino, deberíamos también – subrayaba – mirar dentro de nosotros, para tratar de explicarnos a quien, en particular una parte del clero, no conseguía en modo absoluto aceptar nuestras posiciones, esperando llegar, aunque sin una conclusión unánime, a darnos un día la mano. Una hipótesis – según muchos de nosotros – francamente utópica: pero Giovanni pedía hacer este esfuerzo, intentarlo. Por ejemplo especulaba con ir hasta Molise para hablar con aquellos cinco párrocos que habían hecho sonar las campanas a muerte cuando en abril la Cámara aprobó la ley (bastante “liberal”) sobre el final de la vida.

Libros aparte, prácticamente en cada número de Confronti, Giovanni afrontaba un tema incomodo y, como precisaba el título de su ultima rubrica, lo hacía “desde el margen”. Ahora su ausencia nos pesará tanto. Esperamos saber mantener vivo su espíritu, y hacer crecer su herencia, extraordinariamente rica en valores, en hipótesis, en retos, en sueños y en esperanzas.

Decenas y decenas de testimonios, en su funeral, han mostrado como la palabra y el ejemplo de Giovanni habían ayudado chicas y chicos de un tiempo – hoy mujeres y hombres maduros – a vivir de modo responsable, con el corazón bien abierto para conservarse solidarios con los machacados por la vida y las injusticias del mundo.

Muchas de estas personas declararon no ser actualmente cristianas, o creyentes. Reflexionando en los últimos meses sobre este fenómeno ultra conocido, Giovanni me decía sereno y sonriente: “Dicen ellos que no son creyentes. Al contrario, quizá lo son mas que yo. Y, de todas formas, estarán en primera fila entre los “benditos del Padre mío” cuando el Cristo glorioso les dirá: <<“Tenía hambre y me habéis dado de comer”>>

Terminada la Eucaristía del pasado domingo 2 de julio, me tocaba por turno invitar a Giovanni a almorzar. Siendo el ciego, era necesario conducirlo con prudencia por la acera, hacia el cercano restaurante “Al Biondo Tevere”, lugar histórico de restauración para nuestra Cdb. Hacía un calor tremendo, pero bajo la pérgola se podía respirar. Afrontamos tantísimos temas: la llave de nuestra conversación fue su dulzura al recordar su pasado eclesial con benevolencia hacia quien, en la jerarquía vaticana, lo había hecho sufrir tanto. Yo lo miraba: su piel arrugada era transparente, casi se veían los huesos. Se fatigaba a cada bocado. Parecía exhausto, imaginé que su fin estaba bastante próximo, por los muchos achaques, los graves males, que le amenazaban; pero no lo veía inminente.

El martes 11 de julio conversamos por teléfono: me pregunto si había recibido su comentario para Confronti de septiembre – el numero monográfico que se prepara ya en julio, y que este año, ¡que casualidad!, dedicamos al final de la vida. Yo era, de hecho, el revisor de sus artículos que el, ciego, dictaba – ¡como si estuviera leyendo pues los pensaba y los retenía en memoria! – a un joven colaborador elegido para ayudarle. Cuando le confirmé que lo había leído y …. dado el visto bueno, era muy feliz. Y después de un ultimo giro de reflexiones, que cubrían desde Italia en el mundo, las guerras en Oriente Medio, a los muchos limites y las insuficiencias de nuestra Comunidad, Giovanni me impresionó con estas palabras: <<¡Ah Luigi!, nosotros pasamos, pero queda el amor de Dios>>. Nos saludamos alegremente dándonos el hasta luego para el domingo 16 de julio en la Comunidad: tenía la voz de siempre, clara, estridente, de una persona ,a pesar de todo, feliz de vivir. La Hermana muerte, sin embargo, decidió impedirlo.

El jueves 13 de julio se levantó por la mañana como de costumbre, en Canneto (Rieti) donde vivía, y se entretuvo con varias personas hasta cerca del mediodía. A aquella hora dijo a Yukiko que se sentía un poco fatigado, y se acostó en una habitación próxima a la cocina. Hacia las 13, la mujer le llamó: <<Giovanni, el almuerzo está servido>>. <<Voy>>, respondió con voz alegre. Pasaron algunos minutos de silencio; no viéndolo llegar, Yukiko entró en la habitación : lo encontró con una pierna fuera de la cama como para intentar levantarse, pero estaba ya muerto – de infarto – sin hacer ningún lamento. Advertidos por ella, desde primeras horas de la tarde muchos de la Comunidad acudimos a dar a Giovanni el ultimo abrazo.

Transportado en Comunidad, a Roma, en la tarde del viernes 14, su cuerpo fue velado por nosotros, a turnos, durante toda la noche. También vino a rezar delante del féretro – acompañado por don Isidoro, su viejo amigo del tiempo de la abadía, y de un monje joven – el nuevo abad de San Pablo, don Roberto Dotta. Los dos se habían encontrado en los últimos meses, y entre ellos había nacido una bella amistad que daba serenidad a Giovanni, el cual esperaba vivamente encontrarse con el Papa Francesco, porque por medio de don Roberto le haba enviado su autobiografía, con una dedicatoria intensa; pero no fue posible. El abad de San Pablo, con los dos monjes (tenemos motivos para pensar que el papa conocía la iniciativa, y que estaba de acuerdo) participó también en el funeral de Franzoni: una presencia consoladora. Cuando, llevado a hombros por los jóvenes de la Comunidad, el féretro atravesaba el parque Schuster para entrar en el Centro de la Tercera Edad donde se celebrarían las exequias, sonaron las campanas de la basílica ostiense. Así había decidido don Roberto.

Participó también en las exequias, monseñor Enrico Feroci, director de la Caritas de Roma. Y, desde el Piemonte, monseñor Luigi Bettazzi (clase 1923), que fue obispo de Ivrea, había recordado con palabras afectuosas al “colega” del Concilio.

También estuvieron presentes en el funeral, bastante abarrotado, – a titulo personal o representando a las respectivas comunidades – evangélicos de varias iglesias ligadas a la Reforma, y musulmanes. Entre los participantes, que en masa participaron en la comunión, se encontraban también numerosos presbíteros y muchas monjas, y amigos llegados desde lejos. Por parte oficial esperábamos, obviamente, alguna participación mas evidente de las autoridades vaticanas y de la Cei, para dar el ultimo saludo a un “padre” conciliar. No fue así: y estas ausencias no pueden dejar de generar preguntas ineludibles para la Iglesia Católica Italiana.

Pero sabemos muy bien que Giovanni no habría querido, por nuestra parte, ningún tipo de recriminación. Como el no recriminó, mas resolvió todo con una broma amable, cuando el 12 de octubre 2012 Benedicto XVI invitó a audiencia y almuerzo a todos los obispos aun vivos y capaces de viajar, a pesar de la avanzada edad, y que habían participado en el Concilio abierto por Juan XXIII cincuenta años antes, el 11 de octubre del 1962, y el “padre” conciliar Franzoni no fue invitado. Se ve que en Vaticano era considerado – por decirlo con palabras repetidas a menudo por Jorge Mario Bergoglio refiriéndose a las categorías de personas humilladas – un “deshecho”. Giovanni se mortificó un tanto por haber sido ignorado, pero no nos lo hizo pesar, ni pronunció palabras amargas por este enésimo desaire. Pero hasta el final, para las instituciones eclesiásticas, el siempre fue un “signo de contradicción” indigerible.

Ahora hay que pasar página. Giovanni ya no está: pero nosotros haremos lo posible para honrar su herencia. Y tenemos incluso un rayo de esperanza, de que su Iglesia – la católica romana, en sus variadas articulaciones, y en particular la Santa Sede y la Cei – se atrevan finalmente a volver a meter en el candelero eclesial a aquel que, según muchos, ha sido un profeta de nuestro tiempo: y a reflexionar, con coraje autocritico, sobre las vivencias del 74-76, que llevaron a Giovanni, como a muchos otros y otras, a ser un “católico marginal”, como fue definido por el editor de su autobiografía. “Marginal” cuanto se quiere, mas verdaderamente “católico” por haber intentado, con distinta fortuna y a la luz del sol, y sin embargo prácticamente ignorado por la oficialidad institucional y del mundo teológico católico, afrontar complicados problemas teológicos, antropológicos y éticos.

El se enfrentó conscientemente al desafío – arduo, fascinante y doloroso – de intentar vivir el evangelio en una sociedad compleja, líquida y difícil como la nuestra, y en una Iglesia, en algunas de sus partes institucionales y no, “del consenso” y “del disentimiento”, a menudo lenta, a acoger la beatitud proclamada por Jesús, bien sabiendo que Su reino no es de este mundo.

Roma, 21 Julio 2017

  • Traducción de Maria Lorenza Ferrer

[1]          La Basilica de San Paolo Fuori Le Mura – – es una de las cuatro mayores basílicas de Roma, siendo las otras San Juan de Letran, San Pedro y Santa María Mayor. Se cree que este situada no muy lejos de donde fue decapitado San Pablo. La Basílica incluye un monasterio y acoge una comunidad de monjes Benedictinos. En el testo aparece también como Basílica Ostiense, de la zona de Roma donde esta situada. [Las notas, incluidas por el traductor, sirven a explicar algunas referencias históricas que podrían ser poco comprensibles a un público no italiano].

[2]              La Conferencia Episcopal Italiana es la asamblea de los obispos italianos. La conferencia tiene mucha influencia sobre la Iglesia Italiana, y sus pronunciamientos no se refieren solo y exclusivamente a la vida eclesiástica , sino también a asuntos relacionados con la política y la sociedad. El presidente de la CEI es designado por el Papa.

[3]             ANSA Agenzia Nazionale Stampa Associata, la mayor agencia de noticias italiana

[4]             San Paolo Fuori le Mura, aparte de ser un Monasterio y una Basílica, es también una parroquia. Aún no siendo el párroco, el Abad ha de todas formas la responsabilidad final de la parroquia.

[5]              El Partito Democrático Cristiano se formo clandestinamente en los últimos años  de la Segunda Guerra Mundial, si bien un partido inspirado a los mismos ideales, el Partido Popular, existía antes del establecimiento de la dictadura fascista. El partido declaraba no tener vínculos con la Iglesia, aunque perseguía implementar la enseñanza de la Iglesia Católica dentro de la esfera política. Este partido estuvo en las coaliciones de mayoría de gobierno durante mas de cuarenta años después de la Segunda Guerra Mundial.

[6]             Este partido lo formaron seguidores de Mussolini, muchos de los cuales suportaron el régimen-marioneta Republica Sociale Italiana (República Social Italiana) que Mussolini y otros fundaron y mantuvieron durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial

[7]             PRI Partito Republicano Italiano,  un viejo partido que tuvo un papel importante en la vida política a partir de la unificación del pais y hasta los primeros años del siglo XX. Con el crecimiento de los partidos Popular y Socialista a principios del siglo XX, (que coincidió con el aumento de personas con derecho al voto) el PRI pierde importancia en la vida política. Siendo liberal tendía a ser apoyado por la Monarquía. En tiempos de Franzoni era la burguesía laica que daba el principal suporto..

[8]             PLI Partido Liberal Italiano, otro viejo partido que existía antes de que Italia naciera como República, que tenía este hecho como una de sus metas.  Como el PLI, en tiempos de Franzoni , mucho de su suporte le venía de la clase media laica.

[9]             El Partido Socialista Italiano fue fundado en Génova en 1892 con alas marxistas  bien reformistas que  radicales.

[10]          El Partido Comunista Italiano fue fundado por miembros radicales del PSI en 1921. Después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en el mayor partido de oposición de Italia, y el mas grande Partido Marxista de Europa occidental.

[11]          IOR o Istituto per le Opere di Religione (Instituto para las Obras de Religión) es un banco privado del Estado Vaticano, cuya razón de ser es la custodia y gestión de las propiedades y capitales donados por privados u otros con propósitos religiosos o de caridad. En los años sesenta y setenta sel siglo XX, el banco se involucró en un cierto numero de actividades sucias con participación de personas relacionadas con la Mafia, Logias Masónicas, y varias organizaciones políticas. Estas actividades incluían lavado de dinero sucio, bancarrota fraudulenta y transferencia ilegal de dinero.

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